EFESIOS 5, 15-20
“Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como necios. Aprovechen la ocasión pues corren tiempos malos. Por eso, no sean imprudentes, sino traten de comprender lo que el Señor desea de ustedes. No se embriaguen con bebidas alcohólicas pues éstas engendran lujuria, más bien, permitan que el Espíritu Santo los llene y controle. Cuando se reúnan, canten salmos, himnos y canciones sagradas. ¡Cantando y tañendo de corazón en honor al Señor! Den gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre del Señor nuestro Jesús Cristo.”
Hijo, hija de mi vida: Te anunciaba que hay tres cosas que aquí en este trozo de la Palabra que nos quiere enseñar el Señor. Ya te anuncié la primera.
Se requiere, del que o de la que se dispone a seguir, de veras, al Señor, se requiere que se conduzca con mucho cuidado. Eso implica – de inmediato – que no podemos seguir nuestros propios pasos. Hijos: nuestros propios pasos son pasos necios. Por si fuera poco, el mundo y, desde luego, los tiempos que vivimos ofrecen muchísimas sendas de insensatez. Antes de comenzar a seguir al Señor, tú y yo vivíamos una vida tonta, necia e insensata pero una vez que nos decidimos y respondimos a la llamada del Señor, nos comprometimos a dejar atrás la vida de hombre y mujer viejos, la vida de antes, las sendas nuestras de antes.
Lo Segundo que nos quiere enseñar el Señor es: El secreto o la clave de no desperdiciar el tiempo es, lo que afirma el verso 17: “…traten de comprender lo que el Señor desea de ustedes.” He ahí uno de los grandes secretos de ser verdadero discípulo, verdadera discípula: “obediencia inteligente”, que es lo mismo que: “lo que el Señor desea; lo que el Señor quiere.” Quien camina sabiamente en los caminos del Señor, camina según el Señor desea. A veces no sabemos – con exactitud – “lo que el Señor quiere”, pero para eso está la Palabra de Dios escrita y la Palabra de Dios anunciada.
Además, hijo: Haz de tener cuidado en no caer en el siguiente hoyo y horroroso error. El error de: “los satisfechos”, el error de “los que ya llegaron”, el error de “los que se volvieron “maestros” de los demás o “autoridades” sobre los demás, y se olvidaron de seguir siendo discípulos”. Esos cayeron en una trampa siguiendo la siguiente fórmula: Experiencia del Señor + llamada particular que me hizo el Señor a vivir consagrado, consagrada + años de seguir al Señor + puesto o título al que, y con el que fui privilegiado, privilegiada = [es igual a] Estoy completo y ya llegué a la cima. Este es un grave error en el que caen tantos. Cuando eso sucede, el querer de Dios se pierde en el querer nuestro. Entre esos están los pastores, ministros, sacerdotes y religiosos que “se quedaron en su monte” y están tan llenos de sí mismos que no pueden ver las cimas que todavía les faltan.
Sigue leyendo ¡CUIDADO!-Parte II