Amós 7, 10-15
10 “Amasías, el sacerdote de Bet’El, mandó a decir a Jeroboam, rey de Israel: ‘Amós anda haciendo planes en contra de Su Majestad. Como israelitas, ya no podemos soportar sus palabras ni permitir que siga hablando. 11 Según él, Su Majestad morirá a filo de espada en el campo de batalla, y nuestro pueblo de Israel llevado preso al destierro.’ 12 Luego, ese mismo sacerdote Amasías le ordenó a Amós: ‘¡Largo de aquí, profeta! ¡Lárgate a Judá! ¡Allá podrás ganarte la vida profetizando! 13 Pero no profetices más en Bet’El, porque Bet’El es el santuario más importante del reino, y aquí es donde el rey viene a adorar.’ 14 Respondió Amós y dijo a Amasías: ‘Pues fíjate que yo no pretendo ser ningún profeta ni soy hijo de profeta. Y yo siempre me he ganado la vida cuidando ovejas y recogiendo higos, 15 Pero si ahora profetizo aquí en Bet’El es porque Yahweh mismo me pidió que dejara de cuidar el ganado y me dijo: ‘Ve y – en mi nombre – da El Anuncio profético a mi pueblo Israel’.”
Amados hijos e hijas de mi vida: El profeta Amós nació años después del cisma que dividió al Reino de Israel en el Antiguo Testamento. Nació en el Reino Sur, en el Reino de Judá, pero fue providencialmente “sentenciado” – por decirlo así – a profetizar contra el Reino Norte de Israel, sobre todo, en el santuario de Bet’EL que quedaba al cruzar la frontera entre el Reino Sur de Judá y el Reino Norte de Israel.
Como sucedió con Amós, cuando el Señor nuestro Dios invade tu vida en Su Hijo Jesús Cristo, y tú le permites al Espíritu Santo saciar Su hambre y calmar Su sed en ti, el Señor siempre te va a llevar adonde tú no hubieras querido y te va a pedir lo difícil y hasta lo inimaginable. ¡Siempre es así con el Señor!
Amado hijo, Amada hija: Cuando el Señor te llamó a pertenecer a Su Pueblo y a ser parte de Su Ekklesía, el Señor te llamó para – primero – purificarte con Su Espíritu Santo y Su Evangelio y, así purificado y purificada tú, servirLe a Él de instrumento para devolver a la sociedad que te rodea – sociedad embrutecida por el opio de una religiosidad nominal y vacía – devolverle, por medio de ti, la pureza del Evangelio y el Poder del Santo Espíritu. Fue algo parecido a lo que aconteció a Amós. Tú y yo fuimos llamados a ser – para el Señor – otro “Amós”.
El oficio de Amós – al inicio – no era el de profeta. Amós era ganadero, o granjero o pastor, según la opinión de algunos. Gozaba de una posición económica desahogada – no pudiente ni rica sino desahogada – que le permitió adquirir una buena cultura y aprender el arte literario. Como campesino [granjero o pastor o ganadero], Amós no tenía mayores problemas. La suya era una vida “sin novedad”. ¿Por qué sin novedad? Porque, aún no le había llegado la sacudida y llamada del Señor. Así sucedió contigo que, cuando el Señor te llamó, Él desbarató tus planes. Cuando el Señor llama, siempre desbarata tus planes si esos planes no se ajustan o someten a los de Él. Y, no es, necesariamente, porque tus planes sean indignos. No. Los desbarata porque esos planes no se reconcilian con los que Él tiene para ti. Así fue con Amós en aquella situación tranquila en la que se hallaba: El Señor y Su llamada lo arrancaron de su lugar.
Amados hijos: Esa es o debería ser tu historia.
∞ PADRE
