2 Pedro 3, 17-18
«Así pues, amados, estén prevenidos y precavidos para que no les arrastre el error de gente sin principios, y se corran el riesgo de perder la estabilidad. CREZCAN, más bien, en la Gracia y el conocimiento del Señor nuestro y Salvador Jesús Cristo. A Él la Gloria ahora y hasta la eternidad. Amén.»
Amados hijos: El crecimiento en la vida del espíritu es un proceso. Aunque yo no sé dónde estás tú en ese proceso, el Señor, ciertamente, lo sabe. Y, porque Él sabe, Él está – continuamente – queriendo dirigir, guiar, conducir y manejar las circunstancias que te rodean en la vida con el propósito de hacerte llegar a la meta a la que Él quiere que tú llegues. Desde luego, para eso, el Señor necesita que tú abraces voluntaria, absoluta y gozosamente Su plan de dirigirte, guiarte, entrenarte y conducirte, por medio de Su Espíritu Santo.
Una parte esencial de Su plan básico es conducirte a que tú…como tú…en tu persona «aún no transformada», a que tú te termines en tu hombre o mujer viejos. Ese proceso es un asunto de todos los días y de cada momento del día. Este punto al que quiere llevarte el Señor tiene que llegarte, y siempre te llegará, si desechas valientemente todos tus mecanismos de defensa.
Cuando eso acontece, que te das por vencido, por vencida y, por fin, izas bandera blanca de incondicional entrega, y desechas, osadamente todos tus mecanismos de defensa, entonces tú estarás más cerca de lo que jamás antes habías estado con y lo del Señor, y más cerca de conocer y experimentar el gozo indecible de una vida – por fin – llena del Espíritu de Dios en Su hijo: JESÚS CRISTO. Con alguien así se deleita el Señor. Amados: Cuando alguien así da el Anuncio con la vida o la palabra, el Anuncio: Jesús Cristo, reverbera, resplandece y retumba más allá del auditorio que lo ve o que lo escucha.
∞ PADRE
