NO TE DESANIMES

Marcos 9, 19-24

19 El les responde: “¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo habré de soportarles? ¡Tráiganmelo!”

20 Y se lo trajeron. Apenas la fuerza maligna vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos.

21 Entonces Jesús preguntó al padre del muchacho: “¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?” Le dijo: “Desde niño.

22 Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.”

23 Jesús le dijo: “¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!”

24 Al instante, gritó el padre del muchacho: “¡Creo, ayuda a mi poca fe!”

25 Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó a la fuerza maligna, diciéndole: “Fuerza maligna que le ensordece y enmudece, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.”

Amados: Aquí vemos a Jesús, el Cristo, que se pone en movimiento para resolver el problema a mano. De inmediato Jesús le estipuló al padre del joven las condiciones para que se diera y se dé el milagro. Las condiciones estipuladas por Cristo Jesús son las mismas condiciones para que se obre – en ti, en mí o en otros – un milagro. Jesús le estipuló las condiciones: verso 23: “¡Todo es posible para quien cree!” – le asegura Jesús. Es como si Jesús estuviera diciéndole al padre del joven: “Que tu hijo se sane o no, depende de ti no de Mí. Porque por Mí ya estaría sano, pero tú eres el papá. ¡A ver cuán deseoso estás tú de que se sane tu hijo; a ver cuánta fe en Dios hay en ti en relación a tu hijo enfermo!” 

Amados: Lo que el Señor nos anuncia es una gran enseñanza. Por ejemplo: Yo no puedo gastarme el lujo de desesperarme. Si yo me pongo a pensar, a discurrir y a no poder dormir porque me rompo la cabeza pensando, por ejemplo: ¡Cuán horrible se vuelve la humanidad a cada instante; cuán “sin valores, sin Dios” está este mundo; cuán ingratos han sido tantos a quienes el Señor nuestro Dios ha favorecido…!, me voy a deprimir y a desesperar. ¡Y no me puedo dar ese lujo! Pero, lo que tengo que hacer, no es resolver el problema del mundo, no es resolver el problema de los recalcitrantes e ingratos. Además, ni tú ni yo – aunque quisiéramos – podemos resolver el gran y complejo problema de este mundo. Pero, sí podemos – con el poder que nos confiere Jesús Cristo – resolver el problema, los problemas que surgen en el “rinconcito”, en la “esquina” en donde nos ha tocado vivir en este mundo. 

Amados: Con demasiada frecuencia tú te quejas, te desanimas y te desilusionas con tu “familia de sangre”, o con “la sociedad”, o con la “Ekklesía”, es decir: con tu familia sobrenatural, o con el “cristianismo”, pero no haces nada más sino quejarte, desesperarte, desanimarte y desilusionarte. Amado, amada: Ponte en movimiento, muévete santamente dentro de esa tu “familita”, dentro de esa “sociedad”, dentro de la “Ekklesía”, dentro de ese “cristianismo” y “contribuye con tu granito de arena salada y luminosa” como miembro dinámico del Cuerpo de Jesús Cristo que eres. Cristo Jesús no se quedó aterrado ni mucho menos, paralizado ante la torpeza y lentitud de la mente y voluntad humanas. Jesús se movió para resolver el problema inmediato que le confrontaba. 

En este rinconcito, en esta esquina, en este segmento de tiempo en el que te ha tocado vivir, siempre hay algo noble, hermoso y sobrenaturalmente sencillo que puedes hacer y lograr respaldado y respaldada – desde luego – por la poderosa compañía de Jesús Cristo en el Espíritu Santo.

Lo que Jesús le dice al padre del muchacho no es solamente una verdad teológica sino una verdad universal. Quienes acostumbran a errar por la vida abrumados por un “espíritu” de “vencidos” y una actitud de desesperanza y fracaso van a experimentar derrota, desilusión y desgracia. Por el contrario, quienes acostumbran a vivir la vida motivados por la fe y la confianza gozosa en el Señor descubren que la vida está colmada de bellísimas posibilidades, descubren que en el más árido desierto brotan – para ellos – caudalosos manantiales, descubren que “lo imposible” es “siempre posible” para el Señor nuestro Dios. 

Amados: Quienes creemos y confiamos en la maravillosa realidad de la fuerza dinámica y omnipotente de Dios en Su Hijo, Jesús Cristo, hemos de vivir conscientes y confiados de que lo imposible es posible. El problema es que la mayoría vive [por decirlo así] “bajo la maldición del yugo de lo imposible”, la mayoría vive maldecida por el “barrunto” de que “lo que parece imposible, es posible”. Y, es precisamente, por eso, que no acontece – en esas personas – ¡MILAGRO!

∞ PADRE