Padre Padre

"Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que, cuando llega su tiempo da fruto, y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace, prospera!" - Salmo 1:3

VISIÓN INEXPLICABLE

Marcos 9, 2-6

2 Seis días después, Jesús se fue a un cerro alto llevándose solamente a Pedro, a Santiago y a Juan. Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús. 3 Su ropa se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara. 4 Y vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús. 5 Pedro le dijo a Jesús:

–Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6 Es que los discípulos estaban asustados, y Pedro no sabía qué decir. 7 En esto, apareció una nube y se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz, que dijo: «Este es mi Hijo amado: escúchenLo.” 8 Al momento, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo. 

Amados Hijos de mi vida: Lo que aconteció en la Transfiguración de Jesús no podemos explicarlo. Lo más que podemos hacer es postrarnos, en reverencia, ante Jesús y Su esplendor, ante Jesús infinitamente más puro y resplandeciente que la luz de todos los soles. Al acontecimiento, se unieron – para rendirle homenaje y adoración a Jesús – el supremo legislador de Israel, Moisés y Elías, el primero y mayor de los profetas. ¡Visión inexplicable! 

Lo cierto es que Simón Pedro expresó su deseo de querer quedarse allá en la cima:

Marcos 9, 5: “Pedro intervino diciendo: Jesús, Maestro: ¡Es tan bueno estar aquí! Hagamos tres sagradas tiendas de campaña: una para Ti [y nosotros conTigo, desde luego], otra para Moisés y otra para Elías.” 

Pero, amados, es imprescindible que no olviden que Jesús – poco antes de esto – había estado advirtiéndoles a todos los discípulos que Él, Jesús, tendría que ir a Jerusalem y allí sufriría y Le matarían y, después de tres días, resucitaría. De modo que, al escuchar la petición de Simón Pedro, Jesús se hizo de oídos sordos cara al deseo de Simón Pedro y de los otros dos de quedarse allá, con Jesús, en la montaña.

Amado Hijo e amada Hija: Sería fenomenal estar siempre en la montaña con Jesús Cristo y nunca tener ningún problema. Pero, no es así cómo se desenvuelve la vida. En la cima de la montaña y en medio de tanta gloria, Simón Pedro había exclamado: “Este sí que es el lugar perfecto para nosotros estar”. Luego quería – juntamente con Juan y Santiago – construir tres chozas sagradas para Jesús y ellos tres y para Moisés y Elías. En algo, simpatizo con Simón Pedro. ¡Era tan perfectamente hermoso estar cerquita de Dios allá en la cima de la montaña! ¿Para que molestarse – en absoluto – en bajar de la montaña? ¿Para qué? Pero, es esencial, para tu vida y la mía, bajar de la cima de la montaña. En tu seguir, en mi seguir a Jesús Cristo, tiene que haber, ciertamente, quietud, apartamiento, retiro, recogimiento, pero no soledad o [voy a inventar una palabra] pero no solitariedad.  

La quietud, el recogimiento, el apartamiento, el retiro son necesarios para que tú puedas lograr mantener y nutrir tu relación con el Señor. A eso no hay que darle vueltas. Pero, si en esa “búsqueda” destinada a relacionarte con el Señor, te vuelves “un solitario”, “una solitaria”, si en esa “búsqueda” te cierras a los demás porque no eres instrumento de Salvación en las manos de Dios, si en esa “búsqueda” te tapas los oídos al clamor de ayuda que te pide Jesús en favor de los demás, si en esa “búsqueda” cierras tu corazón al grito de las lágrimas de Jesús en los demás, quedas descartado, descartada para estar cerca del Señor o para ser digno, digna de estar con Él en la montaña. Esa “búsqueda” tuya, nada tendría que ver con Dios. 

La “búsqueda” por hallar quietud, apartamiento, retiro y recogimiento, y, así, lograr relacionarte íntimamente con el Señor no tiene por meta hacerte “solitario”, “solitaria”. Al contrario, tiene por meta capacitarte más y mejor de modo que puedas hacerle frente y habértelas con los desafíos de cada día. 

∞ PADRE