Padre Padre

"Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que, cuando llega su tiempo da fruto, y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace, prospera!" - Salmo 1:3

COSAS ROTAS

Lucas 5, 1-11

“Una vez, Jesús estaba a la orilla del Lago de Galilea y la gente se amontonaba alrededor de Él para escuchar EL ANUNCIO de Dios. Jesús vio dos barcas en la playa. Estaban vacías porque los pescadores estaban lavando sus redes. Una de esas barcas era de Simón Pedro. Jesús subió a ella y le pidió a Pedro que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente.
Cuando Jesús terminó de enseñarles, le dijo a Pedro: ‘Lleva la barca a la parte honda y lanza las redes para pescar.’
Pedro respondió: ‘Maestro, toda la noche estuvimos trabajando muy duro y no pescamos nada. Pero, si Tú lo mandas, voy a echar las redes.’
Hicieron lo que Jesús les dijo, y fueron tantos los pescados que recogieron, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran enseguida a ayudarles. Entre todos llenaron las dos barcas. Eran tantos los pescados, que las barcas estaban a punto de hundirse.
Al ver esto, Pedro se arrodilló delante de Jesús y Le dijo: ‘¡Señor, apártate de mí, porque soy un pecador!’
Pedro, Santiago y Juan, que eran hijos de Zebedeo, y todos los demás, estaban muy asombrados por la gran pesca que habían hecho. Pero Jesús le dijo a Pedro: ‘No tengas miedo. De hoy en adelante, en lugar de pescar peces, voy a enseñarte a ganar seguidores para Mí.’
Luego llevaron las barcas a la orilla, dejaron todo lo que llevaban, y se fueron con Jesús.”

¡Sobre este Evangelio has escuchado hablar, no sé cuántas veces! El Lago de Gennesareth o Mar de Galilea: Un lago no grande pero muy hermoso, con ondulantes colinas que le rodean y una playa angosta.

Le siguen a Jesús las muchedumbres y Jesús se sienta en la barca de Simón y proclama EL ANUNCIO.

A continuación, se nos narra un milagro, de sobra, conocido: ¡La Pesca Milagrosa! Una vez más, Jesús, el Cristo, proclama Su Señorío y llama a unos individuos a vivirLe y a servirLe en Su Obra de reconciliar a los humanos con el Dios que les creó a Su imagen y semejanza.

Pero, no es en esto en lo que quiero hacer hincapié sino, más bien, en una realidad de la que, tal vez, no te hayas dado cuenta antes en este trozo de la Palabra, a saber en: ¡COSAS ROTAS EN EL EVANGELIO DE LUCAS capítulo 15, versos 1-11!

En el verso 6 se nos dice que: “las redes estaban a punto de ROMPERSE…” Hijo, hija: Las redes, las “herramientas” que estaban utilizando para ganarse la vida, estaban rotas. Así acontece tantas veces: Laboramos, nos fatigamos y esforzamos, pero todo es en vano porque los medios que utilizamos y las motivaciones que nos empujan no son de Dios, no son del agrado del Señor y, por tanto, están rotos, rotas.

Hijos: La pesca había terminado y estaban los discípulos lavando las redes. Es más, habían trabajado muy duro toda la noche y no habían pescado nada. Ellos estaban pescando, pero, no el Señor en ellos. Hay quienes han estado “siguiendo” al Señor por muchísimo tiempo y nunca pescan nada. En ésos, ni la carnada, ni el anzuelo, ni la caña de pescar tienen nada que ver con el Señor. Y, ni hablar, del que o la que está pescando.

Pero, lo cierto es que no habían pescado nada.  Tantas veces, la adversidad del hombre es la oportunidad de Dios.

En verdad: El fracaso humano no es el factor que decide sino la obediencia delicada al Señor después de reconocer el fracaso. “¡Lanza las redes para pescar!”, manda el Señor en el verso 4. En medio del desaliento, del desánimo y desfallecimiento, en medio de las circunstancias – ¡las peores! – el dejarse mover por el Señor es el factor decisivo. Y estos discípulos obedecieron.

Lo cierto es que la red se rompía por la cantidad de peces.

El milagro aconteció cuando el objetivo parecía imposible. La fatiga de la noche anterior pedía a Simón y a los demás que descansaran, pero el Señor les mandó a trabajar. La experiencia infructífera de la noche anterior favorecía y justificaba la duda que tuviesen los discípulos. No obstante, el Señor les pidió fe, les pidió que confiaran, ciegamente, en ÉL.

Hijo, hija: En el milagro Jesús mostró Su Señorío. En el milagro se mostró cómo el Señor se cuida de satisfacer todas nuestras necesidades. En el milagro se muestra el Poder del Señor sobre la Naturaleza. Pero, en el milagro, también, se muestra que el Poder de Dios para bendecir es mayor que nuestra capacidad para contener todo lo que Él anhela darnos y, por tanto, necesitamos permitir que “Él nos agrande” para poder contener el todo con el que Él quiere llenarnos.  Él nos “agranda” en la medida que nos “empequeñecemos.”

Pero, además de las redes rotas [símbolo de nuestros modos y motivaciones rotos, torcidos, rotas, torcidas], hay algo más que está “roto”: La persona, el hombre, la mujer, el ser humano.

Ante el gran milagro acontecido, Simón Pedro tuvo que caer de rodillas y reconocer su condición de ser humano roto: ‘¡Señor, le confiesa – “apártate de mí, porque soy un pecador!’

Hijo, hija: Simón se da cuenta que está ante la Presencia del Señor y, a la vez, se da cuenta que es un hombre roto y que carece de fe. Y ahí, de rodillas, se veía a sí mismo alto y en proceso de componerse, creciendo en humildad y virtud.

Además, hay algo más que se encuentra “roto” en estos versos. Te explico: En el negocio de la pesca, Simón Pedro y sus otros socios: Andrés, Juan, Santiago y otros, tenían una empresa pesquera, tal vez, la más grande de esos contornos. Después de esta gran pesca que acababan de lograr, no habría nada que les impidiera llegar a monopolizar la industria pesquera de toda Galilea. Además, con este formidable Jesús, quien – pensarían ellos – seguiría multiplicando milagros en la empresa pesquera de Simón, Simón y sus socios tendrían el monopolio de la pesca en Galilea y, quizá, en todo el territorio de los judíos. Sobra decir que esto era una forma “rota” de pensar, de planificar y de vivir en comunidad y en Ekklesía.

Sabe Dios todo lo que estaba paseándose por la mente y los bolsillos de Simón Pedro, de Andrés, de Juan, de Santiago y de los otros. Redes rotas, hombres rotos y sociedad Ekklesía “rota”.

Pero, hubo una declaración de Cristo Jesús que cambió todo eso, verso 10: “De hoy en adelante, en lugar de pescar peces, voy a enseñarte otro tipo de pesca, voy a enseñarte algo nuevo, voy a enseñarte a ganar seguidores para mí.”

Todo en la vida de aquellos hombres estaba roto. Ellos…sus modos, su personalidad, su carácter, sus motivaciones, su relación socio-eclesial-comunitaria de unos con otros y con Jesús estaba rota. Jesús tendría que acabarlos de romper y hacerlos a todos de nuevo. Al final tuvieron que rendirse, verso 11: “Y, lo dejaron todo, y se fueron con Jesús.”

Hijo, hija: Siguieron a Jesús Cristo, el Pescador y Carpintero. Como Pescador, ya Jesús les había anunciado: ¿Qué pescar? ¡Seres humanos! ¿Para quién pescar? ¡Para Jesús! ¿Cuándo pescar? ¡En todo tiempo! Y, ¿dónde pescar? ¡En lo hondo y profundo!

Ellos siguieron al Pescador, Jesús. Ahora, ellos tendrían que ponerse a disposición de Jesús, el Carpintero de Nazareth. Él, Jesús, con su martillo y con su marrón, los rompería por completo. No quedaría “piedra sobre piedra”. Si se decidían a ser dóciles al martillo y a las herramientas de Jesús y, sobre todo, dóciles al Carpintero y Alfarero por excelencia, llegarían a ser nuevos y, por ser nuevos, llegarían a estar capacitados para la nueva empresa pesquera especializada en pescar a la humanidad para limpiarla, sazonarla, asarla y colocarla a la mesa del Gran Pescador, CRISTO JESUS, EL SEÑOR.  

∞ PADRE