Hebreos 10, 7
7 «Entonces dije: ¡Aquí estoy, oh Dios; he venido para cumplir, tu voluntad; así está escrito de mí en EL LIBRO.»
Amados: «EL LIBRO» no sólo está repleto de sorprendentes y alarmantes profecías verbales sobre Jesús, el Cristo, sino que, en «EL LIBRO», hallamos retratos, fotos y escenas sorprendentes. A esas «fotos, retratos y escenas» las llamamos «tipos» o «figuras». El «tipo» o «figura» al que me refiero es una persona, cosa o acontecimiento en el Antiguo Testamento que anuncia o representa a otra persona, cosa, o evento en el Nuevo Testamento, a saber: a Jesús, el Cristo.
Entre los incontables ejemplos de «fotos» o «escenas» con los que nos hace tropezar el Antiguo Testamento, figura el festival judío de la Pascua. Amados: Para el tiempo en que Cristo Jesús fue crucificado, los Judíos habían estado observando fielmente durante unos mil quinientos años la Fiesta Pascual que Yahweh les había ordenado por medio de Moisés al sacar a Su pueblo de Egipto. Esta gran Fiesta de la Pascua había sido instituida por Yahweh para conmemorar el nuevo nacimiento de la nación de Israel.
Al día décimo del primer mes en el calendario eclesiástico hebreo, el mes llamado «Nisan», se le requería a cada familia judía escoger un cordero: macho, sin defecto, de un año de edad. El día catorce de «Nisan» debían matarlo al atardecer frente a toda la asamblea de Israel.
El cordero debía ser inmolado a una hora específica, Éxodo 12, 6: «…Toda la asamblea de la Comunidad de los israelitas lo inmolará ‘entre dos luces’.» El cordero se atravesaba con dos estoques de madera, uno horizontal y el otro vertical formando ángulo recto con el horizontal de modo que el cordero quedaba atravesado en forma de cruz. ¿Te vas dando cuenta del «tipo», de «la profecía visual» basada en este acontecimiento pascual? Luego el cordero era asado al fuego y consumido por la familia y en familia. En todo este procedimiento, los Judíos debían cuidarse de no quebrar ni un hueso del cordero pascual. El Evangelista Juan 19, 36-37 – al narrarnos la Muerte Salvadora del Señor – es muy claro en este particular cuando nos afirma: «Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura [Éxodo 12, 46]: ‘No se le quebrará hueso alguno’; y otra Escritura dice [Zacarías 12, 10]: ‘Mirarán al que traspasaron’.» Todo este ritual fue «una profecía visual» de la Muerte Redentora del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
En el día exacto, en el tiempo exacto cuando los judíos todos, en masa, mataban sus corderos para la Pascua, el verdadero Cordero Pascual del Dios Divino expiraba…atravesado, empalado en una cruz sembrada en el Calvario.
De manera que al mes, al día y a la hora precisa, textual y profetizada en «EL LIBRO», el Cordero de Dios murió por los pecados de la humanidad entera: la que fue y la que era, la que sería y la que será. No se le quebró hueso alguno, aun cuando se le quebraron los huesos a los dos malhechores que con Él habían crucificado. La profecía visual de la Pascua – anunciada en «EL LIBRO» – y que el Pueblo Judío había celebrado por siglos y siglos, se hizo realidad en el Calvario.
Este «LIBRO», no es solamente uno de sorprendentes profecías verbales; es, por igual, un «LIBRO» de asombrosas profecías visuales. Todo en «EL LIBRO» apuntaba a Él, el Cristo. Toda la narrativa, los profundos proverbios, las largas cronologías, las declaraciones proféticas, las chocantes parábolas, los acontecimientos históricos, todo, de alguna u otra manera
∞ PADRE
