Padre Padre

"Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que, cuando llega su tiempo da fruto, y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace, prospera!" - Salmo 1:3

EL CUERPO

Hebreos 10, 10

verso 10: «Y, en virtud de esa voluntad somos santificados, gracias a la ofrenda, hecha una vez y para siempre, del CUERPO de Jesús Cristo.»  

Amados: Cuando Jesús, el Cristo, llegó a nuestra existencia, Él fue un ser humano justamente como Dios había propuesto y deseado que el ser humano fuera. Jesús, el Cristo, fue un ser humano en Quien moraba, sin interrupción, el Dios Padre y Omnipotente. El CUERPO de Jesús era habitado y gobernado por el Espíritu Santo de Dios y ese CUERPO-HUMANIDAD de esa persona llamada: JESÚS – libre y voluntariamente – se dejaba guiar siempre por el Espíritu del Dios Omnipotente. Por ende, Jesús siempre hablaba, siempre hacía, siempre vivía según agradaba al Padre Dios. La humanidad de Cristo Jesús era la humanidad de todos nosotros concentrada en la de Él…pero según la había deseado, desde siempre, el Padre Dios. Cuando Jesús, el Cristo, nació, naciste tú, nací yo, nació el ser humano exacta y perfectamente como Dios, el Señor, se había propuesto – desde lo eterno – que fuera el ser humano. La humanidad nuestra rota y caída sería crucificada, muerta, sepultada y resucitada en la humanidad individual y perfecta del Dios-hecho-hombre llamada Jesús Cristo. 

En Cristo Jesús, Dios se manifestó por medio de un CUERPO, por medio de una humanidad. Podríamos decirlo de esta manera: El Señor – en Su humanidad – fue ‘Dios enfocado’. Antes de Jesús, todos percibíamos a Dios de manera totalmente desenfocada. Resulta casi, casi un oxímoron decir que fue el CUERPO, la humanidad de Jesús lo que hizo que pudiéramos ver a Dios. 

Su CUERPO, el CUERPO  de Jesús, el Cristo, incluye, desde luego, un «armazón» corporal, físico y cinco [5] sentidos, además de intelecto, emociones y libre voluntad – Su CUERPO fue exactamente como el nuestro, es decir, Su humanidad fue exactamente como la nuestra excepto en asunto de transgresión, excepto en asunto de «pecado».

Jamás ha habido nadie como Cristo Jesús. Su CUERPO-HUMANIDAD Le fue provisto por el Espíritu Santo con la cooperación de una doncella, María. El JESÚS-HOMBRE tuvo una madre humana pero, de ninguna manera, un padre «humano». No sabemos cuál haya sido el proceso misterioso por el que haya sido concebido el CUERPO-HUMANIDAD de Jesús Cristo, Pero Sĺ SABEMOS – y ésa es nuestra Fe por lo que nos revela «EL LIBRO» – sí sabemos que fue concebido por obra del Espíritu Santo.

Jesús, el Cristo, vivió en ese CUERPO-HUMANIDAD durante treinta y pico de años. Nació y se desarrolló normal y perfectamente: recién nacido, niño, preadolescente, adolescente, joven, hombre adulto y, desde luego, siempre Hijo amoroso del Padre Dios. Treinta y pico años después de haber nacido, aquél SU CUERPO-HUMANIDAD, al que Jesús, el Cristo, mantuvo en perfectas condiciones físicas, mentales, morales y espirituales, fue el vehículo perfecto para que se manifestara El Espíritu encendido y llameante que había en Él. Su CUERPO-HUMANIDAD estaba ya listo y preparado para emprender camino. Durante unos tres años fue de aquí para allá, enseñando, consolando, sanando, mostrando a los hombres cómo, en verdad, es Dios. 

Y, luego, llegó el momento de que SU CUERPO-HUMANIDAD fuera ofrecido en sacrificio redentor. Vemos SU CUERPO-HUMANIDAD, cabeza en tierra, postrado en Getsemaní. Vemos cómo Lo flagela y ara el látigo romano. Lo vemos encorvado bajo el peso de la Cruz. Pero, tan fuerte y santamente voluntarioso era SU CUERPO-HUMANIDAD que, a pesar de los azotes y trallazos recibidos – castigo que pocos hombres hubieran resistido – Jesús, el Cristo, pudo llevar la pesada Cruz una gran parte del camino. Vemos SU CUERPO-HUMANIDAD empalado a la Cruz. Lo vemos probar pero, sin beber, la bebida refrescante de vinagre diluido en agua. Vemos a Jesús, el Cristo, – allí sembrado en la Cruz – cómo se carga sobre Su CUERPO-HUMANIDAD el pecado nuestro. 

Roma lo declara muerto. Luego, dos o tres de sus muy pocos amigos descuelgan Su CUERPO de la Cruz. Lo lavan, lo ungen, lo envuelven en lienzos y lo depositan en un sepulcro cavado en la roca. Vemos cómo Su CUERPO queda libre de la corrupción y tres días después – según las Escrituras – Su CUERPO-HUMANIDAD resucita de entre los muertos. Vemos cómo Jesús, el Cristo, llevando con honor y honra las cicatrices de Su Pasión, aparece y desaparece – a Su antojo – en ese Su CUERPO-HUMANIDAD resucitado. Lo vemos, luego, en la cima del Monte de los Olivos, cómo – en ese CUERPO-HUMANIDAD resucitado – es llevado al Cielo. Por último, Lo contemplamos, en ese Su CUERPO-HUMANIDAD y resucitado, sentado a la derecha del Padre Dios. 

∞ PADRE