Efesios 6, 14
14 “¡En pie!, pues; ceñida la cintura de ustedes con la verdad y revestidos de la justicia como coraza…”
Amados: La “verdad” debe ceñir la vida, la conducta y el comportamiento de quienes nos consideramos – además de redimidos – discípulos del Señor Jesús. Somos producto de la Verdad que es la Persona misma de Jesús Cristo y, por ende, somos hijos de la Verdad. Si Le pertenecemos a Jesús Cristo, quien es el Camino, entonces gozamos de Jesús quien es la Vida verdadera por aquello de que: Vivimos en la verdad y estamos en la verdad, pues Jesús mismo afirmó:
Juan 14, 16: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”
Amados: La vida tuya y mía en relación al Señor es una milicia: con sus enemigos, armas y aliados:
2 Corintios 10, 3-5: 3 “Es cierto que somos humanos, pero no luchamos como la gente de este mundo.” ¡No!, las armas de nuestro combate no son las que usa este mundo, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas…”
[como diciendo: “como es la causa de Dios la que defendemos, por eso utilizamos las armas de Dios, que no son las de este mundo, pero al usar las armas de Dios, podremos derrumbar los muros más altos, conquistar la montaña más alta, lograr – en el Señor – lo que para otros es imposible.
La imagen que nos da el Espíritu Santo por medio del apóstol Pablo es de una batalla contra enemigos aguerridos y peligrosos. Jefe enemigo es el “Poder del Mal”. Éste tiene a sus órdenes un ejército de poderes subalternos de “espíritus diabólicos” que actúan en la atmósfera sublunar, es decir, que actúan aquí sobre la tierra. Aunque la panoplia, es decir: la descripción de la armadura completa – en la lectura que hicimos – no sea totalmente completa como pudiéramos pensar, no obstante, podemos sacarle, a ésta, una muy útil aplicación para nuestra vida de auténticos seguidores del Señor Cristo Jesús.
Hijos Amados: El Antiguo Testamento habla metafóricamente de las armas de Dios. Se habla metafóricamente como quien usa comparaciones, porque las armas de Dios y las nuestras no son ni pueden ser como las de los ejércitos de los seres humanos. El Antiguo Testamento habla de las armas de Dios, por ejemplo en el Salmo 7, 13, en el Salmo 18, 40 (39) y en Isaías 59, 17. Sin embargo, el desarrollo más notable del tema de las armas de Dios en el Antiguo Testamento se lee en el libro de Sabiduría. El libro de Sabiduría, por cierto, es uno de los nueve libros en el Antiguo Testamento que no son aceptados, como “inspirados por Dios” por las religiones protestantes, evangélicas, pentecostales etc. Sin embargo, este libro de la Sabiduría y los otros ocho, de hecho, son aceptados por la religión católico-romana y todas las religiones ortodoxas. A favor de aceptar como libro inspirado este libro de la Sabiduría está el hecho de que el Apóstol Pablo, en la lectura de Efesios 6, 10-17 e inspirado por el Espíritu Santo, parece estar “citando literalmente” o, por lo menos, parafraseando con bastante exactitud, el texto en Sabiduría 5, 17-20:
“Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos; por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero, tomará por escudo su santidad invencible, afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos.”
Desde luego, lo anterior que les leí en ese libro de la Sabiduría 5, 17-20 es una ampliación, a su vez, de Isaías 59, 17, uno de los tres textos en donde se habla metafóricamente de las “armas de Dios”. Aquí, en Isaías 59, 17: se describe a Dios, el Señor como un guerrero armado con Sus armas, hasta el tope:
“Se puso la justicia como coraza y el casco de salvación en Su cabeza. Se puso como túnica vestidos de venganza y se vistió el celo como un manto.”
∞ PADRE
