Hebreos 10, 19
«¡Por tanto, amados, tenemos libre acceso para entrar en el santuario en virtud de LA SANGRE de Jesús!»
Amados Hijos: Además del «LIBRO» y del «CUERPO» te quiero hablar sobre «LA SANGRE».
La SANGRE que Jesús derramó en el Calvario no fue sangre cualquiera. El mismo Dios, quien es quien sólo conoce el valor justo o relativo de las cosas, llama a la SANGRE de Jesús Cristo, «SANGRE PRECIOSA.» 1 Pedro 1, 18-19: «Porque Dios los libró a ustedes del inútil modo de vida que ustedes aprendieron de sus padres. Y bien saben ustedes que, para liberarlos, Él no pagó con cosas que pueden destruirse, como el oro y la plata; al contrario, pagó con la SANGRE PRECIOSA de Jesús Cristo. Cuando Cristo murió en la cruz, fue ofrecido como sacrificio, como un cordero sin ningún defecto.»
Cuando el Señor Dios instituyó la Pascua en Egipto, dio instrucciones específicas a Su pueblo Israel, en cuanto a lo que debían hacer con la sangre del cordero pascual, lo que debían hacer en el momento del éxodo – en el acontecimiento de la liberación del pueblo – al igual que lo que debían hacer cada vez que celebraran la Pascua. Debían recoger la sangre en recipientes y rociar, con un manojo de hisopo, las dos jambas y el dintel de cada casa. El sobrante de la sangre no debía rociarse sobre el umbral sino que el recipiente con el sobrante de la sangre debía, todo él, colocarse en el umbral. Ese sobrante de la sangre de ninguna manera debía ser hollado, conculcado, maltratado o pisoteado. Así, empapada con la sangre del cordero, esa casa, esa familia quedaba a salvo.
Por otra parte, la sangre nuestra, de los humanos, es corruptible; la SANGRE de Jesús, el Cristo, es incorruptible. El tipo de SANGRE del Señor Jesús sería como ningún otro en esta existencia. Su SANGRE era la de un ser humano radicalmente único. Su SANGRE era la de un ser humano – como jamás existió – de madre humana pero sin la colaboración o participación de padre humano alguno, sin influjo paternal-humano sobre su código genético. La SANGRE de Jesús, por ende, era singular, extraordinaria y excepcional más allá de todo lo que podamos concebir o comprender. Su SANGRE es, ciertamente, ¡SANGRE PRECIOSA!
En la Alianza Antigua, en el Antiguo Pacto, Yahweh había dado unas reglas y normas para que Su pueblo Le adorara. Siguiendo las órdenes de Yahweh, el pueblo edificó un Santuario. El autor inspirado de la Homilía a los Hebreos, capítulo 9, hace resaltar el hecho histórico del Santuario, del Tabernáculo, de la Tienda como «tipo» y «figura» de lo que iba a venir y que, de hecho, nos llegó con el Salvador Jesús Cristo. Nos revive en la memoria cómo el Sumo Sacerdote, sumo sacerdote una vez al año pasaba desde la primera pieza del Santuario, [llamada «EL SANTO»] hacia la segunda y más pequeña pieza [llamada «EL SANTĺSIMO»] traspasando un velo que dividía «EL SANTO» del «SANTĺSIMO». A los demás sacerdotes se les permitía, tan sólo, entrar en «EL SANTO». Al Sumo Sacerdote de turno se le autorizaba – a él sólo y sólo una vez al año – se le daba autoridad y privilegio de entrar en «EL SANTĺSĺMO» pero, como dice Hebreos 9, verso 7, entrar, pero «no sin sangre». Para poder entrar en el lugar «SANTĺSIMO», el Sumo Sacerdote debía llevar consigo la SANGRE del macho cabrío que se había sacrificado como parte del ritual del Día de la Expiación. En el Pacto, en la Alianza, en el Testamento Antiguo, el pueblo no tenía acceso al «SANTĺSIMO» que es el mismo Dios, pero en el Pacto Nuevo, en el Testamento Nuevo, en la Alianza Nueva, sellada con la SANGRE PRECIOSA de Jesús, el Cristo, Él, Jesús Cristo, nos logra el acceso al Padre Dios Omnipotente. Jesús, el único Sumo Sacerdote de un Pacto Nuevo, de una Nueva Alianza hizo Su entrada en la misma gloria de Dios de una vez y para siempre, pero no con SANGRE de machos cabríos, ni de novillos que, de nada sirven, sino con Su propia SANGRE pagando con ella el precio que se debía pagar para hacernos santos y libres. Él, Cristo Jesús, es el sacrificio perfecto y sin mancha, que nos libró – de una vez y por todas – de todo lo que nos impedia llegar hasta la Presencia de Dios.
∞ PADRE
