Marcos 9, 25-29
25 Cuando Jesús vio que se estaba juntando mucha gente a Su alrededor, le dio a la fuerza maligna la orden de largarse: ‘Espíritu malvado que impides hablar a este joven, te ordeno: ¡Déjalo libre y mantente fuera de él!’
26 La fuerza maligna comenzó a dar gritos y a revolcar al muchacho por el suelo causando, así, que el joven sufriera otro ataque. Luego salió del joven y lo dejó como muerto. Muchos decían que “el muchacho estaba muerto”. 27 Jesús, sin embargo, tomó al joven por la mano y lo ayudó a levantarse.
28 Después de regresar a casa con los discípulos, los discípulos quisieron hablar en privado con Jesús para preguntarle: ‘¿Por qué no pudimos nosotros expulsar lo malo de la vida del joven?’
29 De inmediato, Jesús les respondió: ‘Lo malo con nada puede ser arrojado sino con la oración’.”
Amados: Poco después del milagro, la conversación de los discípulos comenzó a girar alrededor de lo acontecido con el muchacho. Los discípulos Le preguntaron a Jesús el ¿porqué? del fracaso de ellos. Le preguntaron la causa por la que ellos, los discípulos, habían resultado impotentes con relación al joven enfermo. De seguro los discípulos habrán recordado lo que nos afirma Marcos 3, versos 14 y 15: “Jesús eligió de entre ellos a doce, para que lo acompañaran y para mandarlos a anunciar el mensaje. A estos les dio el nombre de apóstoles, y les dio autoridad para expulsar la fuerza maligna.” El plan era que estos doce estuvieran siempre con Él de modo que Él, Jesús, pudiera enviarlos a anunciar la Palabra y, con la autoridad de Jesús y, representándoLe, lograr que la fuerza maligna dejara libres a los afectados por ella. ¿Por qué, entonces, [preguntaron los discípulos a Jesús] por qué habían fracasado en la encomienda que Jesús les había confiado? ¿Por qué resultó inútil la autoridad y poder con los que Jesús les había revestido?
Con cándida sencillez Jesús les respondió, verso 29: “Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.” Esta respuesta de Jesús es más dramática y tajante de lo que podrías pensar. Lo que Jesús está diciendo a los discípulos es: “Me preguntan ¿porqué?, ¿porqué ustedes no pudieron? ¡Les diré porqué ustedes no pudieron! ¡No pudieron porque ustedes no están viviendo lo suficientemente unidos al Padre Dios como tendrían que estarlo! ¡Por eso es que no pudieron ayudar al joven enfermo! ¡Porque ustedes carecen de comunión íntima con mi Padre y conmigo! ¡Por eso no pudieron!”
Amados: Jesús había revestido de poder y autoridad a los discípulos, pero se requería – de ellos – “ORACIÓN”, “CERCANÍA CON DIOS”, “UNIÓN CON DIOS” “CERCANÍA CON JESÚS CRISTO”, “UNIÓN CON JESÚS CRISTO” para que pudieran conservar e incrementar ese poder y autoridad con los que Él les había revestido. El Señor Te reparte sus dones, pero tú tienes que invertirlos y asegurártelos – ¿cómo? – manteniendo una cercanía con Él, manteniendo intimidad con Él, nutriéndote con la oración. Dios Te da sus dones, pero si tú no mantienes la intimidad y cercanía con Él, esos regalos se marchitarán y se morirán. Y es así con cualquier regalo venido de Dios. Por más dones que Te haya dado el Señor, por más grande que sea el don, si no mantienes contacto íntimo con el Señor, si no te das a la oración, perderás dos cosas:
Primero: ¡Pierdes la capacidad de tener verdadera vida, la capacidad de poseer “eso adicional”, “eso que no es de este mundo” y con lo que Te sigue nutriendo el Señor en la ORACIÓN! Pierdes “la vitalidad”, pierdes “ese poder vivo” que ÉL, siempre, da a quienes están cerquita de Él; pierdes “eso particular” que te saca de lo común y que te distingue “del montón”, eso que te pone en contacto con la grandeza y el Poder de Dios.
Segundo: Pierdes la humildad, es decir, el sentido de dependencia en relación al Señor nuestro Dios. Los nueve discípulos intentaron auxiliar al joven utilizando sus propias fuerzas. Tal vez con arrogancia y autosuficiencia habrán hecho el intento de sanar al muchacho utilizando el Poder y la Autoridad que habían recibido, pero no para la Gloria de Dios, sino para su propia gloria. Tan pronto entró en juego su arrogancia y autosuficiencia, perdieron la virtud que habían recibido de Dios como don.
He aquí un serio recordatorio y una muy seria advertencia, a saber: Jesús había equipado, habilitado y revestido a aquellos nueve discípulos, con poder, con Su Poder, con el equipo necesario para ministrar al joven enfermo y, así, devolvérselo sano a su padre. Los nueve discípulos, no obstante, debían – por su parte – hacer algo que no hicieron. ¿Qué era “ese” algo? Se requería que los nueve nutrieran y respaldaran el Poder, el Don recibido, con oración y con su entrega al Señor. ¡No lo hicieron! Y, porque no lo hicieron, el Don, el Poder quedó anulado e invalidado. ¡El Don les fue quitado! Si el Don o el Poder o la Gracia que el Señor te regaló y te regala…si tú los utilizas para ti, para tu renombre, para tu fama, para tus propósitos, para tu gloria…los vas a perder. Pero, si – con santidad, entrega y afán – los intensificas y los engrandeces para la Gloria de Dios y para el crecimiento de Su Obra, entonces se obra el milagro, en ti y, por medio de ti, en otros miembros del Cuerpo de Jesús Cristo
Entonces y sólo entonces, te vuelves INSTRUMENTO DE SALVACIÓN en las manos de Dios por medio de Su Hijo, Jesús Cristo y en el poder del Espíritu Santo.
∞ PADRE
