EL ENCUENTRO CON DIOS

Juan 4, 21-24

Jesús le contestó:

-Créeme, mujer, que llega la hora en que ustedes adorarán al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes no saben a quién adoran; pero nosotros sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. Pues el Padre quiere que así lo hagan los que lo adoran. Dios es Espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios. 

Éxodo 20, 2-3

“¡Yo soy Dios…no hay otro fuera de Mí!”

Amados: Ante esa ineludible realidad, Su Pueblo, el Pueblo de Dios, Su Ekklesía tiene que aprestarse a escuchar Su Voz en medio de la algarabía humana. Así, escuchamos hablar al mismo Dios Eterno en Amos 5, 4: “BúsquenME, a Mĺ, y vivirán.”  La voluntad de Dios esta claramente explicitada en el Anuncio que trasmite Yahweh al profeta:

Amós 5, 5: 

“No busquen a BET-EL [casa de Dios].” “No vayan a Guilgal.” “No se dirijan a Berseba porque Guilgal irá cautiva y BET-EL [casa de Dios] se volverá BET-AWEN [Casa de Maldad o Casa del Maligno]” 

Amados: Con esa rotunda prohibición, Dios cancela los “lugares santos”. Todos los santuarios en donde se quiera circunscribir, amoldar, confinar o delimitar al Señor Dios, están destinados al fracaso. Se volverán “Bet-awen”: Casa de iniquidad, casa de maldad, casa del maligno, casa sin vida.

¡Búsquenme a Mí y vivirán!”, advierte el Señor. “¡Busquen al Señor y vivirán!”, suplica Amós.

Pero, amados, todavía las gentes peregrinan a Jerusalem en el Medio Oriente, a Lourdes en Francia, a Meca en Arabia Saudita, a Roma en Italia y, ni hablar, de los tantos santuarios en honor a algún “santo” o “santa” o a “la virgen María” [inculpable como lo es de la aberración]. ¡No buscan a Dios sino a la criatura! Y muy bien lo ha profetizado el Señor por medio de Amós cuando anuncia que todos esos santuarios están destinados al fracaso porque la gente va a ellos – arrutinada y supersticiosamente – en busca, no de Dios sino de la criatura. 

El Señor Dios – no obstante – ha terciado en el problema por boca y Persona de Su Hijo Jesús Cristo a una mujer samaritana:

Juan 4, 19-24: 

“Le dice la mujer: “Señor, veo que eres un profeta.

Nuestros padres adoraron en este monte y ustedes dicen que en Jerusalem es el lugar donde se debe adorar.” Jesús le dice: “Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalem adorarán al Padre. 

Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.  Pero llega la hora [ya estamos en ella] en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que Le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad”.”

Amados: No es el lugar lo que localiza a Dios o Su Presencia, no. Es en “espíritu y en verdad” como nos lo aclara Juan 4, 23-24. 

Para adorar al Señor como Él quiere…para eso nos ha escogido el Señor y, para eso nos sacó de donde estábamos y nos llamó con una nueva y verdadera llamada. Amados: No hay lugares excepcionales donde se garantice el encuentro entre Dios y Sus criaturas. Además, dice el Salmo 24 verso 1: “¡Todo lugar es “santo!” “Del Señor es la tierra y su plenitud con todo lo que hay en ella, con todo lo que vive en ella”. 

Pero, aunque todo sea “santo” porque el Señor lo creó para nosotros, es imprescindible que nosotros, “los santos”, es indispensable que los verdaderos seguidores de Jesús Cristo, que la verdadera “Ekklesía” se una y reúna en el Aposento Alto, en el lugar de reunión de la Ekklesía para adorar al Padre Dios en Su Hijo Jesús Cristo, quien es el Santo de los santos, y que esa adoración sea en espíritu y en verdad. Nos lo recuerda Hechos 2, 42: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la Cena del Señor y a las oraciones.” 

Amados: La comunicación con Dios, el Señor, no depende del lugar sino de la actitud receptiva a Su Palabra: 1 Samuel 3, 9-10: “Habla Señor, que tu siervo escucha.” Y Dios habló, y aún habla y seguirá hablando por esa Palabra que trasciende el tiempo y el espacio. “Así ha dicho Yahweh…Así dice Yahweh…”, resuena a lo ancho, largo y profundo de toda la Palabra de Dios. Así habló ayer Yahweh; así habla hoy Yahweh; así seguirá hablando… He ahí la acción perfecta a la vez que inacabada que da valor de actualidad a Su Palabra para todos los tiempos.

∞ PADRE