Apocalipsis 3, 20:
«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.»
En Cristo Jesús se nos revela el amor y la paciencia de Dios para con nosotros al no imponernos Su Voluntad aun cuando nos rebelemos en contra de ella y aun cuando Dios sabe que estamos tomando por rumbo equivocado. El Señor Dios anhela que nos sometamos y nos sujetemos a Él, pero quiere que lo hagamos por decisión amorosa de nosotros, por nuestra voluntad y no porque Él nos fuerce a hacerlo o nos la imponga.
Es lo mismo que acontece en las familias: Tú no puedes forzar a tus hijos – sobre todo a los mayores de edad – a obrar o a vivir bien. Pero sí hay algo que tú puedes hacer y necesitas hacer y ese “algo” que, por cierto, está a tu alcance es que tú puedes – madura y responsablemente – tú puedes tomar la decisión de vivir bien y santamente, de vivir sanamente y de vivir íntegramente siendo un ejemplo vivo para tus hijos. Un ejemplo vivo según el patrón de JESÚS CRISTO y según las exigencias de Su Evangelio. Tú puedes forzarte a ti mismo, a ti misma a ser una persona noble, un papá íntegro, una mamá intachable: a ser unos papás nobles y de sana moralidad. Eso sí puedes…y, necesitas hacer.
Marcos 8,34: «Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame».
∞ PADRE
