Padre Padre

"Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que, cuando llega su tiempo da fruto, y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace, prospera!" - Salmo 1:3

DOS ENSEÑANZAS

Marcos 9, 16-19

16 Jesús les preguntó: ‘¿Pasa algo? ¿Por qué tanto revuelo y conmoción?’

17 Y un hombre entre la muchedumbre respondió:

‘Maestro, te traje a mi hijo quien ha perdido la capacidad de hablar. Al parecer, hay una fuerza mala – en él – que le impide hablar. 18 Cuando lo malo le agarra, mi hijo se cae al suelo, empieza a echar espuma por la boca; sus dientes empiezan a rechinar y se pone tieso. Yo se lo conté a tus discípulos con la esperanza de que ellos pudieran liberar a mi hijo de esa fuerza maligna, pero no han podido.’

19 Jesús les dijo:

‘¡Oh generación que no acaba de aprender a confiar en Dios y no tiene la menor idea de Dios! ¿Cuántas veces tendré que repetir lo mismo? ¿Hasta cuándo tendré que soportar la poca fe? ¿O es que no pueden hacer nada si no soy yo quien lo hace? ¿Cuándo van a aprender? ¡Tráiganme aquí al muchacho!’

Amados Hijos de mi llamada: Dos cosas aprendemos acerca de Jesús Cristo en este relato de la Palabra de Dios: 

+ LA PRIMERA ENSEÑANZA: Jesús se hallaba preparado y listo para enfrentarse a la Cruz a la vez que estaba, también e igualmente, listo y preparado para enfrentarse a los problemas “de todos los días”. Antes de estos acontecimientos narrados en la Palabra de Dios, Jesús, el Cristo, les había anunciado a Sus discípulos – por vez primera – lo inminente de Su Pasión y Muerte a manos de los sumos sacerdotes, escribas y religiosos de Su tiempo y de Su Resurrección a los tres días. Pero, el horror de la Pasión de la Cruz y de la Muerte que Jesús sabía – de sobra – Le vendrían, no Le quitaba, para nada, el que Él, Jesús, se cuidara de resolver los problemas cotidianos de los demás. La Pasión, la Cruz y la Muerte eran para Él, pero Él, Jesús, era para los demás. Es muy característico de nosotros, los humanos, enfrentarnos – con honor, valentía y dignidad – a las grandes crisis que nos llegan en la vida [con sufrimiento, desde luego], pero, por otra parte, nos irritamos nos airamos y nos desequilibramos cuando es asunto de enfrentarnos a las exigencias normales o demandas de rutina de nuestra vida cotidiana. Le hacemos frente a los gigantescos y estremecedores golpes que nos propina la vida y, a veces, lo hacemos con cierto heroísmo. No obstante, permitimos que nos saquen de quicio las pequeñeces y los pinchacitos que recibimos y las mezquinas irritaciones del diario vivir. 

+ LA SEGUNDA ENSEÑANZA: Jesús había nacido para salvar a la humanidad entera, a toda la humanidad: la que fue, la que es y la que será. Pero, por otra parte, si una persona, si una persona nada más Lo necesitaba, Jesús lo dejaba todo y se daba todo, por entero, a resolver la situación de esa única persona. Amados:Hay tantos a quienes se les hace muy fácil amar “a todo el mundo” y a quienes se les hace fácil amar “a los amables”, pero – en la práctica – esos tantos no aman a nadie en particular ni se sacrifican por nadie en particular y ni hablar de amar a los “no tan amables”. Es, para muchos, relativamente fácil tener sentimientos afectuosos para con “la raza humana” en general e igualmente fácil – para los mismos – no importarle un comino en molestarse por ayudar y rendir auxilio o darle una mano a uno de los miembros de “esa raza humana” que son o podrían ser parte del Cuerpo de Jesús Cristo.

Amados: Jesús, el Cristo, poseía un don, por cierto, el don que te regaló a ti y que me regaló a mí con la llegada del Espíritu Santo. EL don que nos prepara para que ministremos en Su Nombre. Jesús poseía ese don de darSe completamente a cada persona que encontraba en Su camino. Una de esas personas a quienes Jesús impactó fue a mí y oro al Señor que una de esas personas a quienes Jesús encontró en Su camino e impactó y transformó: ¡Hayas sido, también, tú!

∞ PADRE