Autor: Padre Padre
ESCUCHARLE Y SEGUIRLE
Juan 10, 26 – 30
«Pero ustedes no creen porque no son ovejas de las mías.
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen; Yo les doy Vida Eterna y jamás perecerán, y nadie las arrancará de mi mano. Lo que me ha dado el Padre es más que todo y nadie puede arrancarlo de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno.»
Amados: Hay varios signos o señales que permiten conocer quiénes son las ovejas de Jesús Cristo:
Un signo o señal que permite conocer quién es oveja de Jesús, el Cristo es: Juan 10, 27: «Mis ovejas escuchan mi voz.» Hijos: La voz de Jesús, el Cristo, nos llega en Su Palabra escrita al igual que en el Anuncio, en la proclamación de Su Palabra. En Su Palabra nos llega la voluntad de Su Padre, de nuestro Padre Dios. Al escuchar y oír, se desata la fe. Pero, quien no Le escucha a Jesús, el Cristo, cuando Él Se proclama o quien no Le oye aun si escuchara, ¿cómo podrá ése, ésa saberse «oveja de las de Él»? ¿Cómo podrá ése, ésa descubrir el «milagro» de la voz del BUEN PASTOR? Es por eso que hay tantas ovejas que son ovejas perdidas u ovejas que no son realmente ovejas. Dice Jesús, el Cristo: «Pero ustedes no creen porque no son ovejas de las mías.»
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Efesios 5, 16-17
“Aprovechen bien el tiempo, porque los días son malos. No sean, pues, insensatos; procuren entender cuál es la voluntad del Señor.”
Amados: Antes de comenzar a seguir al Señor, vivíamos una vida tonta, necia e insensata. Una vez que nos decidimos y respondimos a la llamada del Señor, nos comprometimos a dejar atrás la vida de hombre/mujer viejos, la vida de antes y las sendas de antes.
Ese compromiso llegó acompañado de unas exigencias. Una de esas exigencias era y es: «No desperdiciar el don del tiempo». Como el Señor nos ha enseñado: «Siempre que perdemos el tiempo, le propinamos un golpe fatal a lo eterno». Por eso, es imprescindible vivir al Señor y, mientras Le vivimos, que le pidamos el don de la Sabiduría pues sólo quien adquiere ese don es quien descubre que no puede invertir su precioso tiempo en lo estúpido e insensato que nos rodea. La vida es demasiado breve y las oportunidades que nos da el Señor son tantas que no podemos gastarnos el lujo de no vivir verdadera, fiel y santamente consagrados al Señor, pero: CONSAGRADOS DE VERDAD.
∞ PADRE
¡CUIDADO!-Parte II
EFESIOS 5, 15-20
“Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como necios. Aprovechen la ocasión pues corren tiempos malos. Por eso, no sean imprudentes, sino traten de comprender lo que el Señor desea de ustedes. No se embriaguen con bebidas alcohólicas pues éstas engendran lujuria, más bien, permitan que el Espíritu Santo los llene y controle. Cuando se reúnan, canten salmos, himnos y canciones sagradas. ¡Cantando y tañendo de corazón en honor al Señor! Den gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre del Señor nuestro Jesús Cristo.”
Hijo, hija de mi vida: Te anunciaba que hay tres cosas que aquí en este trozo de la Palabra que nos quiere enseñar el Señor. Ya te anuncié la primera.
Se requiere, del que o de la que se dispone a seguir, de veras, al Señor, se requiere que se conduzca con mucho cuidado. Eso implica – de inmediato – que no podemos seguir nuestros propios pasos. Hijos: nuestros propios pasos son pasos necios. Por si fuera poco, el mundo y, desde luego, los tiempos que vivimos ofrecen muchísimas sendas de insensatez. Antes de comenzar a seguir al Señor, tú y yo vivíamos una vida tonta, necia e insensata pero una vez que nos decidimos y respondimos a la llamada del Señor, nos comprometimos a dejar atrás la vida de hombre y mujer viejos, la vida de antes, las sendas nuestras de antes.
Lo Segundo que nos quiere enseñar el Señor es: El secreto o la clave de no desperdiciar el tiempo es, lo que afirma el verso 17: “…traten de comprender lo que el Señor desea de ustedes.” He ahí uno de los grandes secretos de ser verdadero discípulo, verdadera discípula: “obediencia inteligente”, que es lo mismo que: “lo que el Señor desea; lo que el Señor quiere.” Quien camina sabiamente en los caminos del Señor, camina según el Señor desea. A veces no sabemos – con exactitud – “lo que el Señor quiere”, pero para eso está la Palabra de Dios escrita y la Palabra de Dios anunciada.
Además, hijo: Haz de tener cuidado en no caer en el siguiente hoyo y horroroso error. El error de: “los satisfechos”, el error de “los que ya llegaron”, el error de “los que se volvieron “maestros” de los demás o “autoridades” sobre los demás, y se olvidaron de seguir siendo discípulos”. Esos cayeron en una trampa siguiendo la siguiente fórmula: Experiencia del Señor + llamada particular que me hizo el Señor a vivir consagrado, consagrada + años de seguir al Señor + puesto o título al que, y con el que fui privilegiado, privilegiada = [es igual a] Estoy completo y ya llegué a la cima. Este es un grave error en el que caen tantos. Cuando eso sucede, el querer de Dios se pierde en el querer nuestro. Entre esos están los pastores, ministros, sacerdotes y religiosos que “se quedaron en su monte” y están tan llenos de sí mismos que no pueden ver las cimas que todavía les faltan.
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EFESIOS 5, 15-20
“Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como necios. Aprovechen la ocasión pues corren tiempos malos. Por eso, no sean imprudentes, sino traten de comprender lo que el Señor desea de ustedes. No se embriaguen con bebidas alcohólicas pues éstas engendran lujuria, más bien, permitan que el Espíritu Santo los llene y controle. Cuando se reúnan, canten salmos, himnos y canciones sagradas. ¡Cantando y tañendo de corazón en honor al Señor! Den gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre del Señor nuestro Jesús Cristo.”
Hijo, hija: En versos anteriores – versos 1 al 14 – el Espíritu Santo, por medio del autor inspirado, llama a dejar la mentira para abrazarnos a la verdad; a dejar las tinieblas para rodearnos por dentro y por fuera de la Luz admirable del Señor. Ahora bien, en este mismo capítulo 5, versos 15 al 20, el Espíritu Santo llama – a quienes queramos seguir al Señor Jesús con honestidad, sacrificio y seriedad – a dejar la insensatez para abrazar la sabiduría que da el mismo Espíritu. Pero esta sabiduría no es un atributo que podamos lograr por nuestras propias fuerzas o por diligencia de nuestro intelecto. No, es un don del Espíritu. El Señor la da en la medida que Le vivimos y en la medida que se la pedimos. Hay quienes piden al Señor “sabiduría” pero no viven al Señor a la altura de la llamada recibida. Por tanto, la sabiduría que piden nunca les llega. Al no llegarles, estos supuestos “seguidores” entran en un círculo vicioso, es decir: Porque no viven al Señor, el Señor no les concede la sabiduría que éstos piden, y porque carecen de sabiduría se exponen a deslizarse más y más en su vivir al Señor y terminan perdiendo la llamada que el Señor una vez les hizo.
Hijo, hija: Continúa el Espíritu Santo revelando Su querer y nos afirma que esa sabiduría, don del Espíritu, se expresa especialmente en el sabio uso del tiempo, en una adoración y gratitud continua y en el respeto y la humildad unos con otros. Comienza diciendo el Espíritu Santo: “¡Miren, pues, con diligencia y esmero cómo es cada uno de los pasos que dan cuando caminan!”
