EFESIOS 5, 15-20
“Tengan cuidado de cómo se comportan. Vivan como gente que piensa lo que hace, y no como necios. Aprovechen la ocasión pues corren tiempos malos. Por eso, no sean imprudentes, sino traten de comprender lo que el Señor desea de ustedes. No se embriaguen con bebidas alcohólicas pues éstas engendran lujuria, más bien, permitan que el Espíritu Santo los llene y controle. Cuando se reúnan, canten salmos, himnos y canciones sagradas. ¡Cantando y tañendo de corazón en honor al Señor! Den gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre del Señor nuestro Jesús Cristo.”
Hijo, hija: En versos anteriores – versos 1 al 14 – el Espíritu Santo, por medio del autor inspirado, llama a dejar la mentira para abrazarnos a la verdad; a dejar las tinieblas para rodearnos por dentro y por fuera de la Luz admirable del Señor. Ahora bien, en este mismo capítulo 5, versos 15 al 20, el Espíritu Santo llama – a quienes queramos seguir al Señor Jesús con honestidad, sacrificio y seriedad – a dejar la insensatez para abrazar la sabiduría que da el mismo Espíritu. Pero esta sabiduría no es un atributo que podamos lograr por nuestras propias fuerzas o por diligencia de nuestro intelecto. No, es un don del Espíritu. El Señor la da en la medida que Le vivimos y en la medida que se la pedimos. Hay quienes piden al Señor “sabiduría” pero no viven al Señor a la altura de la llamada recibida. Por tanto, la sabiduría que piden nunca les llega. Al no llegarles, estos supuestos “seguidores” entran en un círculo vicioso, es decir: Porque no viven al Señor, el Señor no les concede la sabiduría que éstos piden, y porque carecen de sabiduría se exponen a deslizarse más y más en su vivir al Señor y terminan perdiendo la llamada que el Señor una vez les hizo.
Hijo, hija: Continúa el Espíritu Santo revelando Su querer y nos afirma que esa sabiduría, don del Espíritu, se expresa especialmente en el sabio uso del tiempo, en una adoración y gratitud continua y en el respeto y la humildad unos con otros. Comienza diciendo el Espíritu Santo: “¡Miren, pues, con diligencia y esmero cómo es cada uno de los pasos que dan cuando caminan!”
Hay tres cosas que aquí nos quiere enseñar el Señor:
Primero: Se requiere, del que o de la que se dispone a seguir, de veras, al Señor, se requiere que se conduzca con mucho cuidado. Eso implica – de inmediato – que no podemos seguir nuestros propios pasos. Hijos: Nuestros propios pasos son pasos necios. Por si fuera poco, el mundo y, desde luego, los tiempos que vivimos ofrecen muchísimas sendas de insensatez. Antes de comenzar a seguir al Señor, tú y yo vivíamos una vida tonta, necia e insensata pero una vez que nos decidimos y respondimos a la llamada del Señor, nos comprometimos a dejar atrás la vida de hombre y mujer viejos, la vida de antes, las sendas nuestras de antes.
Ese compromiso llegó acompañado de varias exigencias. Una de esas exigencias era y es: “No desperdiciar el don del tiempo”. Como el Señor nos ha enseñado: “Siempre que perdemos el tiempo, le propinamos un golpe fatal a lo eterno. Hijo, hija: Por eso, es imprescindible vivir al Señor y, mientras le vivimos, que le pidamos el don de la sabiduría pues sólo quien va adquiriendo ese don es quien descubre que no puede invertir su precioso tiempo en lo estúpido e insensato que nos rodea. La vida es demasiado breve y las oportunidades que nos da el Señor son tantas que no podemos gastarnos el lujo de no vivir verdadera, fiel y santamente consagrados al Señor. Es más, es tanto lo que el Señor nos da, son tantas las oportunidades que Él nos ofrece de vivirLe y servirLe, que tendríamos que vivir cada día “buscando ocasiones de serLe fiel”. No dije “buscando ocasiones de trabajar o hacer tareas o serLe ‘útil’” sino «ocasiones de serLe fiel». Ser útil sin ser fiel es un ejercicio en futilidad. Ser fiel es ser útil. Tendrías, por tanto – todos los días, al final del día – tendrías que hacer un inventario y sacar cuenta de la productividad que hayas tenido en relación al Señor durante el día. De ese modo no sólo no desperdicias o pierdes tiempo terrestre, sino que tampoco pierdes ni desperdicias el tiempo del Reino de Dios sobre la tierra.
∞ PADRE
