1 Tesalonicenses 5, 16-19
“¡Estén alegres no importa cuáles sean las circunstancias! ¡Oren sin cesar! ¡Den gracias por todo! Esto es lo que quiere el Señor como seguidores de Él que son. ¡No apaguen el fuego del Espíritu!«
Amados: Vamos a ordenar estos versos de otra manera para que, con mayor facilidad, nos percatemos de la profunda revelación que hay en ellos para nosotros. Hagámoslo de la siguiente manera:
verso 18: “Esto es lo que quiere el Señor como seguidores de Él que son:
verso 19: ¡No apaguen el fuego del Espíritu!
Verso 16: ¡Estén alegres no importa cuáles sean las circunstancias!
Verso 17: ¡Oren sin cesar!
Verso 18: ¡Den gracias por todo!”
Amados: El Espíritu Santo en Pablo está haciendo una sencilla y, a la vez, honda descripción de cómo deberás estar viviendo como seguidor y seguidora de Cristo Jesús que eres. Fundamentándome en la Palabra de Dios estaré dándote cuatros señales, distintivos o características que deberán, siempre, distinguirte como seguidor o seguidora de Cristo Jesús, y que, por lo tanto, son, igualmente, características de la Ekklesía verdadera y genuina de Jesús Cristo:
1. ¡No apagar el Espíritu Santo!
2. ¡Estar alegres sin importar cuáles sean las circunstancias!
3. ¡Orar sin cesar!, y
4. ¡Dar gracias a Dios por todo!
Si no apagas el fuego, ni impides el mover del Espíritu Santo, siempre estarás dentro de la voluntad del Señor y siempre estarás madurando y profundizando en tu vida espiritual. Al no apagar el fuego del Espíritu Santo, ni impedir Su mover, la alegría de Dios siempre te circundará; el deseo de estar en comunión con Él se vuelve más intenso y, sobre todo, te vuelves alguien que posee la gratitud como parte de tu naturaleza de criatura nueva. Ser grato y grata a Dios no supondrá ningún esfuerzo. Te vuelves alguien que no solamente da gracias a Dios por todo y en todo, prescindiendo de las circunstancias, sino que, olvidándote de ti mismo, de ti misma, te vuelves una acción de gracias continua.
Por cierto, sólo quien se entrega es quien únicamente puede ser acción de gracias. En la Última Cena, antes de morir por nosotros, Jesús, el Cristo, “dio gracias”, partió el pan y dijo: “Este es mi Cuerpo”; bendijo la copa y afirmó: “Esta es mi Sangre”. Amados: Jesús Cristo pudo “dar gracias” porque se entregó a la voluntad del Padre Dios:
Mateo 26, 39
“En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: «Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»
Amados: Acción de gracias y entrega caminan en pareja.
Quien siempre espera recibir nunca puede dar, nunca puede entregarse y, mucho menos, nunca puede ser acción de gracias. Pero, quien siempre se da sin esperar nada a cambio, se vuelve acción de gracias para el Señor nuestro Dios y – a ése, a ésa – nada le falta.
†PADRE
