ISAÍAS 43: 16-21
Así dice el Señor, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados.
No se acuerden de las cosas pasadas, ni traigan a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá la luz; ¿no la conocerás? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
Este pueblo que he creado para Mí: mis alabanzas, publicará.
Amados Hijos: Siempre nos da un poco de pena cuando algo se rompe: un juguete, un automóvil, una relación de amistad, una parte de nuestro cuerpo: un brazo o un dedo. Sea pequeño o grande, sea insignificante o significante, no nos agrada cuando algo se rompe. A veces cuando algo se rompe y necesita remendarse o componerse, algo maravilloso acontece. Entonces resulta que somos más y mejores de lo que éramos antes. Una vez que el Señor Dios tiene mano libre en nuestras vidas, nos volvemos nuevos, completamente nuevos: más fuertes y mejores que antes. Parecería que al Señor le encanta tomar lo que es viejo y roto y hacerlo joven, nuevo y de nuevo. De modo que, aún cuando lo viejo y lo roto del pasado nos diera satisfacción y gusto, una vez que el Señor Dios entra en escena, esa satisfacción por el pasado oscuro y roto desaparece y nos llenamos de inefable gozo y dicha.
Unos días atrás me encontraba (quizá empapado de melancolía o un no sé qué), me encontraba mirando unas fotos de antaño; también unas partes de filmaciones en vídeo de antaño, unos rostros de antaño y que, por cierto, por una razón u otra, están ausentes de mi vida presente. Me encontré, al estar haciendo esto, me encontré, a veces triste, otras alegre; unas riendo y otras llorando. Pensaba que muchos de esos rostros me maldijeron y otros me bendijeron a su paso por esta existencia; otros rostros desaparecieron temprano en mi vida y pensé que se habrán casado y habrán tenido hijos y que algunos habrán vivido felices y otros en desgracia. En fin: hubo un revolisco, un revolú de penas, tristezas, gozos y alegrías. En ese momento, me sentía un poco melancólico.
Hijos e Hijas amados: Muchas veces el ser humano busca sentirse consolado yendo de nuevo al pasado y a lo pasado para encontrar vida y gozo. Y a veces, nos remontamos al pasado y dejamos que las cosas, los acontecimientos y la gente del pasado, vuelvan a arraigarse en nosotros. Y por un instante nos sentimos, como que bien. Como que el pasado nos da una especie de seguridad. Pero, al leer la Palabra de Dios podría ser que nos sorprendamos cuando dice en Isaías 43: 18: “Ahora dice el Señor a su pueblo: “Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado.” Y el verso 19: “Yo voy a hacer algo nuevo y verás que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en tierra estéril.” Dice el Señor que va a hacer algo nuevo.
Hijos amados de toda mi vida: Eso que dice el Señor en Isaías de “voy a hacer” está en el futuro, está por delante y lo que está por delante es incierto y da temor y miedo.“Yo voy a hacer algo nuevo y verás que ya mismo eso va a venir”, es lo que el Señor está diciendo. Y eso da miedo porque cuando alguien con autoridad e inefabilidad como lo es el Señor dice: “Yo voy a hacer algo nuevo y tú, de cierto lo verás”, eso es un futuro que todavía no conocemos y que puede ser de vida o de muerte, dependiendo de cómo esté cada uno. ¿Qué traerá el mañana? Todos quisiéramos no solamente saberlo (y no podemos), sino que todos quisiéramos que lo que traiga el “Yo voy a hacer ALGO NUEVO”: Eso de “nuevo” da la impresión primera que es “bueno” y lo es y lo será para algunos; no para todos. ¿Por qué? Ya te lo dije: Tiene que ver con ¿cómo estás tú en este momento según los criterios del Señor.
∞ PADRE
