Padre Padre

"Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que, cuando llega su tiempo da fruto, y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace, prospera!" - Salmo 1:3

“¡SI TÚ NO PUEDES, YO TAMPOCO!” [Parte 2]

Juan 5, 1-4

1Después de esto, celebraban los judíos una fiesta y Jesús subió a Jerusalém. 2En Jerusalem, junto a la puerta de los Rebaños, había un estanque llamado Betesda que tenía cinco pórticos. 3Yacía en ellos un sinnúmero de enfermos, ciegos, cojos y lisiados que aguardaban a que se moviese el agua. 4[Se decía que periódicamente bajaba un ángel del Señor a la piscina y agitaba el agua, y que el primero que se metía apenas agitada el agua, se curaba de cualquier enfermedad que padeciese].

Amados: El lugar del maravilloso acontecimiento es un estanque, una piscina, un baño [Xolümbezra], una alberca dividida por la mitad, de modo que se forman CINCO [5] series de soportales, de portales, de pórticos que acogen numerosos enfermos afligidos con un sinnúmero de enfermedades y dolencias y quienes, por los CINCO [5] portales, pueden cruzar de una mitad de la piscina a otra. Las dimensiones de la alberca, de la piscina eran aproximadamente de NOVENTA y UN [91] metros de largo [300 pies] por TREINTA y SEIS [36] metros de ancho [120 pies].

Por lo que nos sugiere el Evangelio de Juan 5, verso 4 que leímos y por los descubrimientos arqueológicos de HACE POCO, nos consta que este estanque, que esta piscina, que esta alberca dependía de una fuente intermitente que echaba, de vez en cuando, unos chorros de agua. El pueblo Judío desconocía lo que ahora hemos descubierto y, por tanto, atribuía esta actividad de pequeños chorros intermitentes a alguna “intervención sobrenatural”. ¡NO ERA ASÍ! En tiempos de Jesús, la procedencia, el origen, la fuente del agua NO era conocida. Lo hemos descubierto recientemente por las excavaciones que se han hecho. En efecto, también nos consta que el estanque, la alberca se encontraba cerca de una de las puertas de la ciudad de Jerusalem, que le llaman la Puerta de los Rebaños.

La creencia supersticiosa de los judíos se alentaba y, lamentablemente, aumentaba por la errónea aplicación de unos versos, por cierto, muy hermosos del profeta Isaías 35, 5-7 que, de hecho y ciertamente, apuntaban y aplicaban al Mesías y Señor JESÚS y NO al estanque de BETESDA: 5“Entonces se despegarán los ojos del ciego y los oídos del sordo se abrirán. 6Saltará como ciervo el cojo y la lengua del mudo cantará. Porque ha brotado agua en la tierra seca y manantiales en el desierto. 7El páramo, el terreno yermo, se convertirá en estanque, lo reseco en manantial.” ¡Pero, esos versos se referían y se refieren a JESÚS!

Los judíos – quienes eran en extremo supersticiosos – imputaban virtud medicinal, terapéutica a las aguas del estanque y la superstición atraía a enfermos de toda condición, de todo tipo, de toda índole al estilo como acontece en muchos lugares de nuestras Américas y del extranjero donde la superstición ha construido santuarios, grutas, templos, catedrales en donde se corre la voz de que las “aguas del lugar” son milagrosas o sanan todo tipo de enfermedades y dolencias. ¡ESO DISTA MUCHO DE SER VERDAD! 

† PADRE